Texto: O’Connell, J. F. 1995. Ethnoarchaeology Needs a General Theory of Behavior. Journal of Archaeological Research 3 (3): 205-255.
Introducción
La
meta última de la arqueología es describir y explicar la
variabilidad en el comportamiento humano pasado. Dos fuentes de
información: patrones en la forma y distribución de los objetos
hechos o modificados por los humanos en el pasado, y conocimiento del
comportamiento humano y sus consecuencias materiales en el presente.
La primera provee evidencia directa del comportamiento pasado; la
segunda, una base para la interpretación de esa evidencia.
La
etnoarqueología contribuye al desarrollo de tal marco
interpretativo. Pero hay un problema fundamental: los etnoarqueólogos
están mucho más preocupados por describir y explicar las
consecuencias materiales del comportamiento que con entender el
comportamiento en sí. No pueden reconstruir el comportamiento del
pasado desconocido en el presente etnográfico. No pueden ayudar a
explicar la variabilidad en el comportamiento pasado.
Este
problema sólo puede ser resuelto mediante la ampliación del foco de
la etnoarqueología para incluir el estudio del comportamiento desde
una perspectiva teórica capaz de predecir y explicar su variabilidad
bajo el rango más amplio posible de circunstancias. La ecología
comportamental puede proveer esta perspectiva.
Etnoarqueología
definida y caracterizada
La
etnoarqueología es el estudio de las relaciones entre el
comportamiento humano y sus consecuencias arqueológicas en el
presente. Su meta inmediata es identificar y explicar los patrones de
esta relación y el proceso que los determina. Su objetivo último es
aplicar este conocimiento a la investigación y explicación de la
variación en el comportamiento humano pasado. Difiere de los otros
estudios actualísticos porque implica observación participante
entre grupos de gente viviente.
El
término etnoarqueología surgió hacia finales del SXIX. Entre
1950-1960 se incrementó el trabajo y la diversidad de la
investigación etnoarqueológica, en parte debido a la Nueva
Arqueología. En los años recientes, temas comunes de investigación
incluyen los patrones de estructura de sitio y de asentamiento, la
cerámica y los restos faunísticos.
El
problema con la etnoarqueología
Los
resultados de la mayoría de estas investigaciones son aplicados de
dos formas, como analogías convencionales o como historias
preventivas. Ambas aplicaciones tienen limitaciones. Las historias
preventivas apuntan a interpretar los problemas pero no dan formas de
resolverlos. Las analogías ayudan a estipular los límites
temporales y espaciales del comportamiento registrado
etnográficamente pero no dan guía para interpretar evidencia
arqueológica de nada más. Incluso cuando pueden caracterizar el
pasado de una buena manera, no pueden explicarlo. Estos problemas son
más aparentes en las investigaciones de las etapas tempranas de la
evolución humana. La apelación a la analogía en este contexto es
motivo de crítica. La etnoarqueología convencional no puede
resolver este problema. Carece de la capacidad para generar modelos
etnográficos comprehensivos y bien garantizados acerca del
comportamiento humano que pueda dar cuenta de la evidencia
arqueológica.
Una
posible solución
El
problema puede ser abordado sólo a través de la expansión del foco
de la investigación etnoarqueológica para incluir el estudio de la
variabilidad en el comportamiento en sí bajo los límites de una
teoría general capaz de predecir y de dar cuenta de esa
variabilidad. Tal teoría permitiría a los arqueo desarrollar
expectativas testeables acerca del comportamiento y sus consecuencias
arqueológicas en cualquier asentamiento, pasado o presente, incluso
si estas son desconocidas entre los modernos.
El
mejor candidato puede ser la ecología evolutiva. Su premisa básica
es que el comportamiento de todos los organismos vivientes está
moldeado por la selección natural. Su objetivo es explicar los
patrones en el comportamiento a través de la identificación de los
constreñimientos que los subyacen, específicamente aquellos que
afectan las diferencias en el éxito reproductivo. Esto es hecho a
través del uso de modelos económicos formales. Estos predicen un
patrón óptimo de comportamiento. Cualquier falta de unión con el
comportamiento observado sugiere que una o más de las hipótesis
acerca de las metas, costos, beneficios u otros constreñimientos
situacionales es falsa, con lo que se plantean hipótesis
alternativas.
La
fuerza de este enfoque yace en su habilidad para generar predicciones
acerca de la variabilidad en un amplio rango de fenómenos cruciales
para la evolución humana. Provee un marco para integrar esas
predicciones. Algunas de sus predicciones pueden tener implicancias
arqueológicas directas, mientras que otras no. La etnoarqueología
va a ser crucial para identif ambas.
La
investigación etnoarqueológica en la estructura de sitio raramente
busca interpretar la variabilidad excepto en el sentido común del
término. Sus resultados son derivados inductivamente y presentados
como generalizaciones empíricas acerca del comportamiento y la
estructura de sitio. No pueden ser aplicadas mucho más lejos de los
contextos de los que se derivan.
La
investigación etnoarqueológica en la composición de los conjuntos
faunísticos comparte estos problemas, pero difiere en que por lo
menos unos pocos análisis se han enfocado en los determinantes de la
variabilidad en el comportamiento humano relacionado con los huesos y
en sus implicancias arqueológicas. Los estudios de la ecología
comportamental sugieren relaciones cercanas y predecibles entre las
metas relacionadas, la adquisición de carcasas y las estrategias de
procesamiento disponibles para lograr esas metas, sus respectivos
costos y beneficios, el comportamiento actual relacionado con las
carcasas, y sus efectos en los conjuntos de huesos arqueológicos.
Todo en el presente.
Estructura
de sitio, un ejemplo del problema con la etnoarqueología
Estructura
de sitio: distribución horizontal de los artefactos, los rasgos y
otros restos dentro de un sitio. Puede dar evidencia del tamaño del
grupo humano del pasado, la composición la organización y las
actividades.
Los
etnoarqueólogos han identificado patrones en la estructura de sitio
ligados con aspectos específicos del comportamiento y los han
evaluado las afirmaciones hechas acerca de estos vínculos. Los
resultados de estos trabajos son resumidos en términos de tres
aspectos del comportamiento: la distribución de actividades dentro
de los sitios, los patrones de descarte y las escalas espaciales en
las cuales son desarrolladas las actividades dentro del sitio.
Distribución
de las actividades dentro del sitio
Las
investigaciones tempranas en la estructura de sitios prehistóricos
solían asumir que la gente dividía los sitios en áreas discretas
de forma rutinaria. En combinación con otras afirmaciones acerca de
los toolkits y los patrones de descarte, se alentaron los argumentos
acerca de posibles relaciones entre las categorías de descarte y las
actividades que las produjeron. Estas afirmaciones son referidas como
el modelo funcional.
Este
modelo fue desarrollado por la primera ola de investigaciones
etnoarqueológicas sobre el tema. Los estudios subsecuentes indicaron
que entre los CR y los granjeros de pequeña escala los sitios
residenciales son divididos en hogares y otras áreas de actividad.
Dentro de estas últimas pueden ser llevadas a cabo diferentes tareas
en el mismo punto o relocalizadas periódicamente, dependiendo de
factores como la exposición a la luz, el equipamiento requerido y
los costos de mantenimiento de este, y la variación en la
composición.
Binford
y O´Connell propusieron que la estructura de sitio residencial entre
los cazadores puede ser descrita como un continuo correlacionado con
el lugar geográfico, las tácticas de forrajeo y el grado de
confiabilidad en los recursos almacenados. Foragers de baja latitud
vs. collectors de alta latitud.
Disposición
de los desechos en relación a la localización de actividades
Como
parte del modelo funcional de estructura de sitio, los arqueo suelen
asumir que los desechos resultantes de varias actividades eran
depositados cerca del punto de producción. Esta afirmación fue
rechazada como regla general, en parte sobre las bases de las
observaciones etnoarqueológicas. La probabilidad de que los desechos
sean dejados en contextos primarios varía inversamente con factores
como la duración de la ocupación del sitio, la inversión en
estructuras, y el tamaño y número de objetos producidos. Los
objetos grandes parecen ser más probables de ser removidos a áreas
de descarte secundario.
Hay
una hipótesis de sentido común: el lugar de descarte debería
reflejar el valor de interferencia de los desechos y los costos
relativos de la re-localización de actividades y estructuras
asociadas vs. aquellos relacionados con cambiar los desechos. Esto
aún debe ser testeado.
Escalas
espaciales
Las
investigaciones arqueológicas de la estructura de sitio a menudo
implican dos afirmaciones acerca de la escala espacial de los
patrones: que los patrones van a ser aparentes en lo expuesto
midiendo no más que unos pocos metros cuadrados, y que hay una
relación consistente entre el tamaño de las áreas de actividad o
los sitios y el tamaño de los grupos que los crearon. Ambas
afirmaciones son problemáticas.
Exploraciones
sistemáticas de las relaciones entre la escala espacial y el tamaño
de la población se han enfocado en dos dimensiones de la estructura
de sitio: el tamaño de las áreas de habitación y las distancias
entre ellas. Binford propone una relación general entre el tamaño
del cuerpo humano y la distribución de actividades dentro de las
áreas. La relación entre el tamaño de la población y el área
habitada puede estar afectada por otros factores, como el período de
tiempo que el área es usada, la inversión hecha en estructuras y la
variabilidad del tamaño de los hogares durante el período de tiempo
durante el cual las estructuras son ocupadas. Las distancias entre
las casas contemporáneas varían ampliamente entre los grupos.
Implicancias
arqueológicas
Estos
resultados tienen implicancias preventivas importantes. El modelo
funcional de la estructura de sitio es inapropiado como guía general
para el análisis y la interpretación; los sitios no se dividen de
forma rutinaria en áreas específicas de actividad; los desechos que
co-ocurren espacialmente no necesariamente fueron usados en la misma
actividad; el patrón comportamentalmente significativo de
distribución de los desechos puede ser aparente sólo a escalas
espaciales mayores y requiere grandes exposiciones; y las relaciones
entre el tamaño del área de actividad o del sitio y los tamaños de
los hogares, grupos de tareas, o poblaciones de sitio son más
complejas de lo que se creía.
El
modelo de forager-collector puede ser desafiado. Los correlatos de su
estructura de sitio todavía no han sido demostrados. Los patrones
del comportamiento forrajeador que describe no están explicados. El
modelo es una generalización empírica. El argumento subyacente es
que el largo de la estación de crecimiento determina la
productividad primaria, la cual determina la disponibilidad de
recursos para los cazadores, lo cual determina las prácticas de
almacenamiento. El segundo problema con el modelo es que toma ciertos
rasgos del comportamiento comunes en los cazadores conocidos como
constantes. El modelo no dice cómo los resultados se deberían
reflejar en el registro. El modelo puede ser usado para predecir
ciertos rasgos del registro arqueológico y, sobre las bases de los
resultados, nombrar a la gente que los produjo como foragers o
collectors. No ayuda a explicar por qué la gente forrajeó, almacenó
o cambió de una práctica a la otra. Lo que es peor, tales
aplicaciones corren el riesgo de asumir la existencia pasada de
ciertos patrones de comportamiento en circunstancias donde las
alternativas etnográficas no anticipadas son objetos de interés
especial.
El
modelo de Binford de las actividades centradas en el fogón describe
la distribución de actividades y sus patrones asociados en una serie
de fogones observados etnográficamente y usa esas descripciones como
las bases para la reinterpretación de los patrones similares
observados arqueológicamente. La cuestión central es si su
aplicación lleva a visiones importantes acerca del pasado humano y
si evolución. Los modelos etnoarqueológicos no sólo necesitan ser
explicativos con respecto al comportamiento, sino que tb necesitan
explicar algo importante. Trabajar en el contexto de una teoría
general del comportamiento ayuda a identificar lo que se puede
calificar y por qué.
Restos
faunísticos: testeando la solución propuesta
Han
sido vistos como indicadores de la orientación de la economía y,
cuando la caza es inferida, de la capacidad de predación. Por estas
razones, suelen estar implicados en los argumentos acerca de la
evolución de otros aspectos del comportamiento. Las contribuciones
etnográficas y etnoarqueológicas incluyen las descripciones y
análisis de la selección de preseas, transporte de carcasas y
procesamiento, y descarte de los huesos. Resultados de estas
investigaciones hablan directamente en tres dimensiones de la
composición de los conjuntos faunísticos: taxonomía y
representación de las partes del cuerpo y morfología de los daños.
Composición
taxonómica
Durante
las dos décadas pasadas las investigaciones sistemáticas de
elección de presa se basaron en la ecología evolutiva e hicieron
uso de los modelos de dieta óptima. Este modelo es designado para
explicar los patrones en la selección de los objetivos dentro de una
cierta disponibilidad e presas. Se basa en la observación de que las
presas varían en su valor nutricional, la frecuencia de encuentro y
el costo de captura y procesamiento. La proposición más
frecuentemente testeada es que los cazadores buscan cazar presas que
maximizan el rango medio de energía gastado en la captura. La
afirmación subyacente es que la eficiencia en la captura de energía
es generalmente favorecida por la selección natural. Las tácticas
de forrajeo que logran esta meta se espera que persistan y se
expandan a expensas de otras alternativas. Las observaciones entre
los cazadores modernos dan resultados que apoyan esta hipótesis.
Representación
de partes esqueletarias
Variación
en la composición de las partes del cuerpo en los conjuntos
faunísticos arqueológicos es atribuible a uno o dos factores:
transporte diferencial y la atrición in situ. Esta puede ser causada
por varios agentes. El transporte diferencial puede ser causado por
procesos fluviales o biológicos. Donde el transporte pro parte de
los humanos está implicado, las diferencias en las proporciones de
las partes representadas por varios taxa proveen las bases para las
inferencias acerca del procesamiento de carcasas y tácticas de
transporte y de otros rasgos del comportamiento incluyendo los
patrones de asentamiento y la org social.
El
trabajo de Binford con los Nunamiut sostiene parte de la proposición
subyacente acerca de la utilidad económica: que el peso del tejido
consumible adicionado a un hueso predice su rango de transporte. El
trabajo etnoarqueológico reciente en otros lugares se suma a estos
resultados pero tb lo complica. El rango del transporte de las partes
del cuerpo se ve ahora como variando a lo largo de los taxa de las
preseas independientemente del tamaño del cuerpo, por las
condiciones nutricionales de la PRSA dentro de la taxa, y por lo
completo o no del encuentro. Parte del rango no es predicho
consistentemente simplemente por el peso de los tejidos consumibles
de la presa: la utilidad económica de cualquier parte debe ser
ajustada por la pérdida parcial de carne de los hueso previa a la
remoción de la matanza. La proporción de los huesos removidos en
una matanza varía con los costos de transporte, la capacidad de
transporte, la habilidad del procesamiento y los constreñimientos
temporales.
Todo
esto sugiere que el argumento original de White acerca de la
importancia de las consideraciones de costo/beneficio en las
decisiones acerca del procesamiento de las carcasas y el transporte
es seguro en principio pero es operacionalmente simplista. Metcalfe y
Barlow sostienen que algunos recursos pueden ser vistos como
conjuntos de partes que no difieren en su utilidad y los costos de
procesamiento y transporte, pero que tb pueden ser reconfigurados con
respecto a la utilidad y los costos de transporte por el
procesamiento en el punto de adquisición. La pregunta es cómo
tratarlos. Estas decisiones van a ser determinadas por cuatro
factores: la meta del forrajeador, las opciones disponibles para
lograrla, las comparaciones de estas opciones y los constreñimientos
asociados con cada una.
Morfología
del daño
Esta
expresión hace referencia a los patrones en la forma, frecuencia y
distribución anatómica del daño en la superficie de los huesos.
Dos cuestiones relacionadas: la primera es qué agentes o procesos
crearon los patrones distintivos de daño, y si el patrón de daño
varía sistemáticamente con respecto a los agentes implicados, su
orden relativo de acceso a las carcasas, la intensidad con la que
operan, y las condiciones de las carcasas en ese momento.
Hay
pocas bases etnoarqueológicas para la discusión. Todos los trabajos
son básicamente descriptivos. Binford sugiere que los patrones de
daño varían como función de los costos energéticos y los
beneficios de técnicas de procesamiento alternativas aplicadas bajo
diferentes constreñimientos situacionales, pero su argumento no ha
sido testeado. Este trabajo podría ser mejorado por experimentos
designados para testear las explicaciones de costo/beneficio para los
patrones observados de forma arqueológica. Los analistas deberían
mirar procesos alternativos, opciones y constreñimientos y sus
respectivas implicancias para el daño general.
Implicaciones
arqueológicas
Tal
como en la estructura de sitio, la investigación etnoarqueológica
de los restos faunísticos implica advertencias. Los cazadores no
necesariamente toman una muestra representativa de presas
disponibles, las prácticas de transporte de las partes del cuerpo
varían situacionalmente y diferentes agentes pueden dar como
resultado patrones similares de daño en los huesos. El trabajo
etnoarqueológico sobre los restos faunísticos puede ser usado como
base para las analogías convencionales, pero los problemas de
equifinalidad y falta de equivalencias surge pronto.
Si
la variabilidad comportamental observada en el presente puede ser
explicada en términos generales, se debería estar en un aposición
para anticipar o dar cuenta de su forma y su reflejo material en el
pasado, incluso si no hay análogos modernos directos. La
representación taxonómica es un aspecto importante de la variación
en los conjuntos faunísticos arqueológicos. Variación comparable
es observada entre los cazadores modernos y ha sido explorado y
explicado c el modelo de dieta óptima.
Broughton
asume que la meta de la adquisición de recursos es maximizar el
rango de retorno energético como una forma de mejorar el fitness,
identificando las amplias categorías de presas disponibles para
cumplir esta meta, y apunta a una correlación general entre el
tamaño de la presa y el rango en términos de la dieta, lo cual es
sostenido por trabajos actualísticos en predadores humanos y no
humanos. Esto lleva a predicciones acerca del orden en el cual los
taxa particulares deberían ser adicionados a la dieta o los cambios
en la frecuencia relativa que deberían mostrar si la dieta se
estuviese expandiendo. Excepciones implican diferencias locales en el
rango de recursos como una función de la tecno de captura
disponible.
Dada
la variación en los constreñimientos situacionales, sólo un
pequeño conjunto de las prácticas de tratamiento de las carcasas
necesitan tener un correlato etnográfico. El grado en el que las
tácticas de adquisición de las carcasas están determinadas por
otros aspectos del comportamiento, estableciendo ciertos patrones que
pueden tener implicancias en los segundos. Inferencias acerca del
comportamiento basados en las tácticas de adquisición llevan a
predicciones acerca del acceso a las herramientas de piedra y los
rasgos de la composición de los conj. Esto puede permitir
inferencias acerca de la org social.
Conclusiones
Las
historias preventivas y las analogías convencionales son útiles
para muchos propósitos. Mi propósito es llamar la atención sobre
sus limitaciones para ciertos problemas, principalmente que no pueden
ayudar a reconstruir los patrones del comportamiento pasados no
representados en el presente o contribuir a la explicación de la
variabilidad en el comportamiento. Estos problemas pueden ser
superados por unir la etnoarqueología con una teoría general
comportamiento que permita desarrollar hipótesis garantizadas y
testeables acerca de la variación en los comportamientos pasados y
los factores que lo determinan. Esta teoría es la ecología
evolutiva.
Tomo
a la etnoarqueología como una parte esencial de la práctica de la
arqueología prehistórica, una visión que Dunnell no comparte. Por
otro lado, tal como Dunnell, veo a la selección natural como un
paradigma apropiado para la investigación arqueológica. Mi posición
es más cercana a la de Bettinger y Foley. Le doy mayor prioridad a
la investigación actualística derivada de la teoría, soy más
optimista acerca de la utilidad operativa de la ecología evolutiva,
y sostengo que los modelos de la herencia dual son útiles para dar
cuenta de las peculiaridades del comportamiento humano.
Apelar
al marco de la ecología evolutiva implica el uso de los modelos de
optimización que estipulan metas, las opciones disponibles para
lograrlas y los costos y beneficios asociados para cada opción.
Blumenschine toma partes de esta estrategia pero omiten los elementos
claves. Ellos definen aspectos de las oportunidades de carroñeo como
disponibles para los homínidos tempranos, y cuantifican sus
beneficios respectivos, pero no establecen costos asociados. Además
no consideran sistemáticamente los vínculos entre el carroñeo y
otros aspectos del comportamiento homínido. Finalmente, el trabajo
de este autor no le presta atención a los resultados de las
investigaciones etnográficas y etnoarqueológicas, adoptando
implícitamente la proposición de que el conocimiento de los
modernos no puede dar cuenta del pasado distante.
Es
importante tener en cuenta tres puntos cuando se trabaja con la
aproximación que sostengo. Primero, a pesar de cualquier impresión
contraria, ni la teoría darvinista ni los modelos operacionales
usados por la ecología evolutiva son recetas, sino que son marcos
para la organización de hipótesis específicas. Segundo, la
aplicación de los modelos de la ecología evolutiva a los problemas
de la prehistoria no va a ser fácil. Estos fueron designados para
analizar el comportamiento de los organismos observados en el tiempo
ecológico, con lo que los resultados analíticos van a ser ambiguos.
Estos problemas no son únicos e esta interpretación. Tercero, el
trabajo de base esencial para la aplicación arqueológica de esta
aplicación debe yacer en el presente, debido a que este es el único
contexto en el cual los determinantes del comportamiento pueden ser
observados directamente.
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