Argentina - Borrero, L. y L. Miotti. 2007. La tercera esfinge indiana: la edad del poblamiento de Argentina. Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología XXXII: 55-74.
INTRODUCCIÓN
En los más de 70 años
transcurridos desde la formación de la Sociedad Argentina de
Antropología ha cambiado mucho el panorama acerca del poblamiento
del país. Ese cambio se percibe tanto en los marcos
teóricos que respaldan las
investigaciones, como en la base
empírica hoy disponible para evaluar
el tema. Aquí nos concentraremos en la forma en que se pensó y
contempló el proceso de dispersión
“hacia el sur del continente” a
través del período en cuestión, concentrándonos en el tema de la
cronología que resultó más aceptable para las sucesivas
generaciones de arqueólogos. El objetivo
central de este artículo es abordar el
estudio del poblamiento inicial.
Concepto de
poblamiento. Aquí entendemos que “el proceso de poblamiento no
puede ser visto simplemente como un movimiento migratorio […] sino
como un flujo multidireccional, dependiendo de la jerarquía de los
espacios disponibles en cada sucesiva expansión” (Borrero
1989-90:133), y en tal caso se refiere a las etapas de exploración y
colonización de Borrero (1989-90) y a las de colonización inicial y
consolidación territorial (Miotti y Salemme 1999) planteadas para el
poblamiento de Patagonia. Este concepto es levemente diferente del
conceptualizado por Politis ya que para este autor “se refiere a
movimiento e instalación de gente en un lugar despoblado. Se refiere
a los primeros individuos que se establecen exitosamente en una
región” (1999:26). Sin embargo no son opuestas sino más bien
complementarias.
RELACIONES Y
LA EDAD DEL POBLAMIENTO
La revista Relaciones
constituía en sus comienzos un
componente significativo de la cultura nacional y probablemente más
importante que lo que es en la actualidad. Al examinar en detalle el
contenido de los primeros números de Relaciones,
el tema del poblamiento no ingresó de la mejor manera en las arenas
teórico-prácticas de la arqueología. Una posible respuesta a por
qué mientras en los Estados Unidos de Norteamérica el tema era
motivo de creciente investigación, en Argentina el mismo perdía
interés, se puede encontrar en la historia del mismo debate
científico. La superación de las teorías de Ameghino, debido a los
fuertes argumentos presentados por Hrdlička y asociados en 1912,
habían producido el desmoronamiento no sólo del núcleo fuerte de
la teoría de poblamiento del autor argentino, sino todas las
hipótesis secundarias del mismo, con lo cual en el país se produjo
un abandono de todo estudio arqueológico sistemático relacionado
con hallazgos de fauna pleistocena, artefactos que daban cuenta de
mucha antigüedad del hombre en América y de toda investigación que
se refiriera al poblamiento “temprano” y que hoy conocemos como
del Pleistoceno final. Los programas de investigación del país y
los artículos de Relaciones intentan
encuadrar el tema de los primeros americanos dentro de unos límites
temporales que raramente van más atrás de las sociedades estatales
prehispánicas como Tiahuanaco, Inca, Diaguita o la “cultura
Chaco-Santiagueña”. En los años setenta veremos nuevamente
resurgir el tema en la misma revista Relaciones.
Haciendo una
evaluación de los artículos publicados en Relaciones
durante los primeros años, entre 1937
y 1944, sólo se reconoce un trabajo relacionado con poblamiento
americano entre 72 publicados. Se trata del trabajo de Bordas que se
refiere al estudio del fémur de Monte Hermoso. Hay también otro
trabajo que comienza indagando un sitio de cazadores-recolectores del
río Matanzas. Es el artículo de Florencio Villegas Basavilbaso (h)
“Un paradero indígena en la margen izquierda del río Matanzas”,
que termina sin embargo afirmando que el paradero corresponde a un
asentamiento de los querandíes históricos o etnográficos como
había indicado Vignati en 1930.
La arqueología de los
primeros americanos parte de la idea de que los mismos tuvieron un
ingreso tardío al territorio argentino o unos escasos cientos de
años previos a la conquista europea. Esa hipótesis, por otro lado
expresada por Hrdlička (1912) y otros, influyó notablemente en el
pensamiento antropológico de las investigaciones en el país (Miotti
1998), aunque no todos los investigadores nacionales la compartieron
(ver Castellanos 1943).
El Dr. Alberto
Abelardo Gallo, con una tesis sobre “Las ruinas de Tiahuanaco,
exposición y examen de las más importantes doctrinas arqueológicas
que se han formulado a su respecto”. Esa es otra evidencia de los
supuestos de base que para el primer cuarto del siglo XX circulaban
en los ámbitos académicos argentinos y que apoyaban la hipótesis
de un poblamiento muy tardío del continente americano.
El libro La
Segunda Esfinge Indiana de José
Imbelloni (1955) constituye una compilación crítica de extrañas
teorías utilizadas para explicar el poblamiento de América, algunas
de ellas generadas o mantenidas en Argentina. En general las teorías
criticadas, que eran creadas y defendidas principalmente por
amateurs,
buscaban los orígenes en algún lugar lejano del planeta. Sin
embargo, la lectura de textos producidos en aquella misma época por
investigadores asentados en universidades o museos -como los propios
de Imbelloni (1942)- no entregan un panorama mucho más calmo, sobre
todo porque sus hipótesis surgidas de la antropología física están
acopladas a las conflictivas tipologías de razas y sus implicancias
racistas. Nuevamente aparecen centros de dispersión de rasgos
culturales europeos o asiáticos implicados (Menghin 1955-1956, 1960,
1964) o se asiste al seguimiento de rasgos arquitectónicos, por
ejemplo el kalasasaya,
como marcador de distribuciones pan-sudamericanas o aún más
amplias.
Como resultado de esta
situación, a la escasa profundidad temporal asignada al poblamiento
en Argentina contribuyó la falta de búsquedas estratigráficas
(Fernández 1982:39).
La conclusión para
esta primera mitad del siglo XX, entonces, es que el tema del
poblamiento antiguo, que ya era reconocido en otros lugares de
América (Figgins 1933, Bird 1938, Roberts 1940, Wormington 1957),
aún no figuraba en la agenda nacional. Las razones son bastante
claras, la teoría de Ameghino había caído en la primera década
del siglo con los demoledores argumentos de la academia
norteamericana. A su vez, con el tiempo esta posición mostraría
también sus in- suficiencias explicativas en relación con los
modelos de poblamiento continental (ver al respecto Miotti 2003b,
Politis 2003). La cronología implicada en los trabajos de los años
1930 o 1940 era siempre corta (Márquez Miranda 1939). Si bien este
concepto se aplicaba a todo el país, los trabajos se concentraron en
el noroeste argentino, siendo bastante discontinuos en las demás
regiones.
Durante la segunda
mitad del siglo XX persisten enfoques histórico- culturales. Dentro
de esta escuela resultaban esenciales las pruebas de continuidad
espacial para enlazar culturas muy separadas entre sí, aunque esto
raramente se verificó (ver Orquera 1976:21), acudiéndose a
soluciones muy dependientes de encadenamientos de datos poco
verificados. El trabajo de Bórmida (1964) sugería la expansión de
pueblos, en forma de oleadas, que se manifestaban en distintas
industrias.
La influencia teórica
de autores como Imbelloni hizo torcer el curso de la investigación
hacia la arqueología de los grandes monumentos arquitectónicos, la
lingüística y otras cuestiones de etnología.
En este contexto de
ideas sobre la corta antigüedad asignada al poblamiento humano del
Cono Sur, un caso destacable dentro de la misma escuela
histórico-cultural lo constituye sin embargo la arqueología de
Osvaldo Menghin. Su fuerte formación dentro de la tradición de
pensamiento sobre la prehistoria dentro de la escuela
histórico-cultural de Viena lo llevó a preguntarse seriamente sobre
la antigüedad del poblamiento americano. Si bien su trabajo fue
puntual y disperso sus principales ideas movilizaron nuevamente a los
arqueólogos argentinos hacia la búsqueda -acertada o no- de un
poblamiento muy antiguo, que incluso en su libro de 1964 propone en
alrededor de los cien mil años AP. Sin embargo y como observamos en
los principales artículos de Menghin (por ej. 1952, 1957, etc.) los
mismos no fueron nunca motivo de interés de la revista Relaciones.
Mientras esto sucedía
en nuestro medio académico, en Norteamérica se iba fortaleciendo el
estudio con los numerosos hallazgos de sitios antiguos de las Grandes
Llanuras que como los de Folsom en 1926 y los de Clovis en 1937, que
iban dando paradójicamente argumentos cada vez más cercanos a las
hipótesis de convivencia y uso de la fauna del Pleistoceno por parte
de los primeros americanos.
El descubrimiento y
aceptación de la profundidad temporal grande para Argentina, que
constituyó un paso crucial en el estudio de los orígenes, arribó
de la mano de proyectos e investigadores muy distintos. Esta
heterogeneidad de ideas se debió en gran parte a que nuevos
paradigmas comenzaron a influenciar ampliamente el pensamiento
arqueológico y antropológico argentino y de este modo empezaron a
desplazar a los marcos previos con renovadas preguntas hacia los
objetos del pasado. Se incorporaba en el pensamiento argentino “la
nueva arqueología”. Sin embargo el paradigma histórico-cultural
no cayó nunca en el completo abandono; su desaparición a principios
de 1970 fue aparente ya que el núcleo fuerte de teoría en realidad
quedó en latencia y hasta hoy se puede rastrear el uso de conceptos
e interpretaciones del mismo en muchos trabajos. Sin embargo y de
modo creciente dentro de los diferentes paradigmas que hacia 1960 ya
comenzaban a manifestarse en la antropología argentina, la
preocupación sobre los primeros Americanos. El tema vuelve a
considerarse un programa importante en la antropología argentina y
la Nueva Serie de Relaciones no
queda al margen de ello.
Como ejemplo de lo
antedicho destacamos por un lado las investigaciones estratigráficas
de Alberto Rex González en Inti Huasi,
San Luis (González 1960), producidas
dentro de un marco de evolucionismo cultural que respondía a
criterios de organización de los datos arqueológicos desarrollados
por la posición histórico-cultural norteamericana (por ej. Steward
1955).
Por el otro lado están
los trabajos de miembros de la escuela histórico-cultural de Viena
en Pampa y Patagonia, que utilizaron tanto materiales estratificados
-principalmente en la cueva Los Toldos, Santa Cruz y las de la Gruta
del Oro y Margarita en la provincia de Buenos Aires- como aquellos
obtenidos de sitios en superficie -por ejemplo los de regiones
patagónica y pampeana-. En otras regiones del país los trabajos
confirmatorios tardaron un poco más.
Esas investigaciones
llevaron la cronología del primer poblamiento a tiempos de la
transición Pleistoceno-Holoceno. Los autores que más influencias
habían ejercido en el pensamiento arqueológico argentino durante
ese lapso fueron Augusto Cardich y Carlos Gradin
Aparecen trabajos que,
con información muy variada, ubican el tema del poblamiento como
central.
EL PANORAMA
ACTUAL
Persisten algunas
diferencias interpretativas sobre los resultados cronológicos
disponibles, pero donde el debate -al menos para regiones como la
Puna- está acotado a si existe actualmente respaldo empírico para
edades que, según el autor que uno quiera citar, se remontan a unos
11.000 años o a unos 13.000 años radiocarbónicos.
El conocimiento
reciente mostró que algunos sectores del espacio que se creían
poblados muy tardíamente, como los canales fueguinos, presentaban
edades mucho mayores. Los trabajos de Orquera, Piana y colaboradores
en el canal Beagle mostraron, por ejemplo, que se requerían bastante
más de 6.000 años radiocarbónicos para explicar el poblamiento de
ese sector. Asimismo los trabajos de Gómez Otero (2007), Bayón et
al. (2007) y Castro y Moreno
verificaron edades del Holoceno medio para distintos sectores de la
costa atlántica y finalmente para el norte de Tierra del Fuego los
trabajos de Massone y colaboradores se han esforzado en presentar
evidencia sólida sobre antigüedad finipleistocénica en el norte de
la isla.
Las lineas de
investigacion mas recientes relacionadas con el tema del poblamiento
incluyen una valorización del estudio del marco ambiental
(Yacobaccio 2001), paleoecológico (Miotti y Salemme 1999, 2003,
García 2003), biogeográfico (Borrero 1989-1990), la tafonomía y
los proce- sos de formación (Gutiérrez 2004, 2006, Martin 2007),
paleopatologías y antropología biológica, aunque las líneas
básicas y de sistemática arqueológica aplicada al primer
poblamiento como son el estudio de los materiales líticos y el arte
rupestre desde nuevas perspectivas teóricas no quedan fuera del
estudio del poblamiento (Cattáneo 2002, Carden 2007, Hermo 2008).

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