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TAC2 - Malvin Harris “Porcofilia y porcofobia”.

Malvin Harris “Porcofilia y porcofobia”.
El enigma del cerdo nos obliga a tener que explicar por qué algunos pueblos aborrecen el mismo animal al que otros aman. La mitad del enigma que concierne a la porcofobia es bien conocida para judíos, musulmanes y cristianos. El centro mundial del amor a los cerdos se localiza en Nueva Guinea y en las islas Malesianas de Sur del Pacífico (animales sagrados que se sacrifican a los antepasados y se comen en ocasiones importantes, para declarar la guerra y hacer la paz. La gente de la tribu cree que sus antepasados difuntos ansían la carne de cerdo).
Empecemos con los porcofóbicos judíos e islámicos, dioses como Yahvé y Alá han condenado al cerdo. Se podría relacionar la fobia al cerdo por suciedad física aunque otros animales hagan lo mismo y aunque un cerdo criado en un ambiente limpio puede ser normalmente domesticado. A mediados del siglo XIX se descubrió la triquinosis por carne mal cocida y eso hizo que se confirmaran las afirmaciones sobre los cerdos como animales impuros. De todas formas la carne cocida adecuadamente no constituye una amenaza a la salud pública y, por consiguiente, su consumo no puede ofender a Dios. Además hay más enfermedades que provienen de la carne mal cocida de otros animales. (Los teólogos judíos y musulmanes han abandonado la búsqueda de una base naturalista del aborrecimiento del cerdo).
La solución del enigma del cerdo nos obliga a adoptar una definición mucho más amplia de la salud pública, que comprensa los procesos esenciales mediantes los cuales animales, plantas y gentes logran coexistir en comunidades naturales y culturales viables. Harris cree que la Biblia y el Corán condenaron al cerdo porque la cría de cerdos constituía una amenaza a la integridad de los ecosistemas naturales y culturales del Oriente Medio.
En Oriente Medio los cerdos fueron domesticados alrededor del 7000 AC y era casi siempre una parte relativamente insignificante de la fauna de la aldea. Entre los años 7000 y 2000 AC la carne de cerdo se convirtió aún más en un artículo de lujo, la población aumentaba y de esa manera la deforestación, por lo que la sombra y el agua (necesarios para criar los cerdos) empezaban a escasear. Se declaró al cerdo como tabú para prohibir la tentación por su impureza; los cerdos eran sabrosos pero resultaba demasiado costoso alimentarlos y refrigerarlos. Los animales tabúes (prohibidos) encajan en dos categorías, tanto en que no son fuentes potenciales significativas de alimento o que no son accesibles a la población que combina pastoreo con agricultura. Todo esto demuestra que las prácticas alimenticias sancionadas por la religión no necesariamente tienen explicaciones ecológicas.
Siguiendo con la porcofilia: el amor a los cerdos no es simplemente un entusiasmo gustativo por la cocina de la carne de cerdo, es un estado de comunidad total entre el hombre y el cerdo, la gente puede ser realmente humana en compañía de ellos. El amor a los cerdos incluye criar cerdos como miembros de la familia, dormir junto a ellos, hablarles, acariciarles y mimarles, llamarles por su nombre, conducirles con una correa a los campos, llorar por ellos cuando están enfermos o heridos, y alimentarles con bocados selectos de mesa familiar; incluye también el sacrificio obligatorio de cerdos y su consumo en acontecimientos especiales. El amor a los cerdos es el gran festín de cerdos, que se celebra una o dos veces en cada generación, en el que se extermina y se devora con glotonería la mayor parte de los cerdos adultos para satisfacer el ansia de carne de cerdo de los antepasados, asegurar la salud de la comunidad y la victoria en las futuras guerras.
Ejemplo del estudio de Rappaport (kaiko). Cada parte de este ciclo se integra en un ecosistema complejo autorregulado, que ajusta con eficacia el tamaño y distribución de la población animal y humana de los tsembaga según los recursos disponibles y las oportunidades de producción. El punto clave para entender en este caso el amor a los cerdos es el momento en que decide hacerse el kaiko (continua explicando todo el trabajo de Rappaport).
Un crecimiento ilimitado de la población porcina sólo puede acarrear una situación de competencia entre el hombre y el cerdo. La cría de los cerdos se convierte en una sobrecarga para las mujeres y pone en peligro los huertos de los que depende la supervivencia de los maring. A medida que aumente la población porcina las mujeres maring tienen que trabajar cada vez más. Finalmente, se encuentran con que ya no trabajan para alimentar personas, sino a los cerdos. Cuando se empieza a explotar tierras vírgenes, la eficiencia de todo el sistema agrícola cae en picada. Este es el momento adecuado para el kaiko, a cuya celebración contribuyen los antepasados cumpliendo la doble función de estimular un esfuerzo máximo en la cría de los cerdos y de evitar que éstos acaben con las mujeres y los huertos.

Guerra. El estudio de la guerra primitiva nos lleva a la conclusión de que la guerra ha formado parte de una estrategia adaptativa vinculada a condiciones tecnológicas, demográficas y ecológicas específicas. No es necesario invocar imaginarios instintos criminales o motivos inescrutables o caprichosos para comprender por qué los combates armados han sido tan corrientes en la historia de la humanidad, Por ello, no cabe sino esperar que ahora cuando la humanidad tiene mucho más que perder de lo que posiblemente pueda ganar con la guerra, otros medios de resolver los conflictos entre grupos la reemplazarán.

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